Nosferatu
Inmediatamente después de estrenar su excelente ópera prima The Witch allá por 2015, el director Robert Eggers ya expresaba su deseo de alguna vez llevar a la pantalla grande a Nosferatu. El director cuenta que a los 9 años vio por primera vez la película de 1922 y desde entonces quedó absolutamente fascinado con ella y no se la pudo sacar de la cabeza. Tanto que varios años antes de The Witch, en su adolescencia, ya había escrito y dirigido una adaptación de la película de Murnau para teatro.
Pero ahora, después de tres películas, creo que no había mejor opción que él para transportarnos a este mundo gótico e inquietante. Robert Eggers demuestra en su filmografía no sólo su afán por la historia y por las tradiciones folklóricas antiguas, sino que es capaz de sumergirte completamente en el universo que está construyendo. Ya sea la Nueva Inglaterra del siglo XVII o la Islandia vikinga, a través de su atención al detalle -en vestuario, costumbres o el lenguaje en el que hablan sus personajes-, el diseño de producción y la fotografía, logra adentrarte fácilmente.
Su Nosferatu no es diferente. Esta es una película absolutamente bella y a la vez bastante asquerosa, terrorífica y por momentos tan desagradable que hasta se puede sentir el olor a podrido que emana el castillo del Conde y las calles infestadas de ratas y cuerpos de Wisborg. Más allá de algunos detallitos que Eggers añade, que estoy segura que surgieron de su investigación alrededor de historias vampíricas europeas, esta es la historia que ya todos conocemos -ya sea por ver alguna de las versiones anteriores o por básicamente conocer la historia de Drácula-. Una joven atormentada y reprimida que tiene una conexión espiritual y psico erótica con una criatura maligna, empieza a experimentar cada vez más delirios y sueños retorcidos desde que su flamante esposo viaja a Transilvania a concretar una transacción con el misterioso Conde Orlok, que resulta ser el vampiro ancestral que atormenta y desea a su esposa.
Los vampiros son de las criaturas más utilizadas en la cultura popular y han tenido millones de versiones. Ya desde la publicación de Drácula en 1897 podían verse connotaciones sexuales que en ese momento aludían al pecado, pero más adelante se acercaron más a una lectura de represión y deseo sexual más explícitos. Esto hizo que las innumerables versiones de vampiros en cine, televisión y literatura sean muchas veces seres sumamente atractivos. Pero Eggers acá decide volver a las bases. Su Orlok es un vampiro folk, es la muerte, es el mal, el tormento y la peste. Entendiendo de dónde viene su búsqueda, me encantó el diseño de la criatura y el trabajo de maquillaje y prostéticos es impresionante, en ningún momento podés ver a Bill Skarsgard ahí abajo. Pero sí lo escuchamos. Y el trabajo vocal es realmente destacable. La primera vez que lo oímos hablar -y esto gracias al sonido en una sala- parece que la voz está viniendo de todos lados, como si fuera omnipresente. Idea que además refuerza Eggers con los movimientos de cámara y montaje en la escena donde Hutter conoce al Conde, una de las mejores de la película. La paciente anticipación que se construye ante la revelación de Orlok es buenísima e insoportable al mismo tiempo.
Nicholas Hoult ha tenido un gran año, pero sin dudas creo que en esta película, y específicamente en esa escena que menciono, está brillante. Creo que nunca vi un rostro de pavor absoluto tan bien interpretado. Pero es Lily-Rose Depp la pata principal de esta historia y su actuación es también excelente y acorde al tono lúgubre de esta película. Su trabajo corporal y gestual es magnífico, y se puede ver la influencia de Isabelle Adjani en esta interpretación.
Siguiendo con las actuaciones, creo que las de Aaron-Taylor Johnson y Emma Corrin son las que encontré más flojas. O porque no me terminó de convencer el tono o porque el personaje en sí lo sentí un poco desperdiciado. Willem Dafoe por otro lado, vino a hacer lo que mejor sabe hacer Willem Dafoe, y creo que le añade la cuota justa de camp y exageración que una película como esta necesita -y viniendo de él, por lo que significa para la filmografía de Eggers y específicamente para la historia de este vampiro en el cine, es imposible que no me funcione-.
En una historia de terror gótico lo visual es importantísimo y esta película no defrauda. Las noches azules, los fuegos naranjas y la luz tenue de las velas, todo encaja perfecto y hay planos que hasta me recordaron a The Innocents de Jack Clayton. El director de fotografía Jardin Blaschke, es el mismo que en sus anteriores tres películas, y su trabajo acá es mejor que nunca. En una remake de una película tan importante para el expresionismo alemán no podían faltar los contrastes y sombras, y Eggers se divierte mucho con eso, hasta en un plano con la sombra de la mano de Orlok cubriendo toda la ciudad. Los vestuarios también destacan mucho, sobre todo por supuesto en el personaje de Depp.
Aunque obviamente la Drácula de Coppola no se puede dejar de mencionar cuando hablamos de esta película, creo que Eggers busca otra cosa con su Nosferatu. Dracula está más centrada en el romance gótico, en lo erótico, lo sensual, la belleza, la seducción, los colores, la pasión. Nosferatu es una película sobre la obsesión y también sobre estar muerto en vida, y su paleta de colores así lo refleja. Y también ese plano final, que es grotesco, shockeante, retorcido y al mismo tiempo, hermoso. La muerte y la sangre junto a las flores y el amanecer. Son las contradicciones que maneja esta película.
¿La vieron? ¿Qué les pareció?






