The Conjuring: Last Rites
Mientras artistas como Robert Eggers o Ari Aster en distribuidoras como A24 arrancaron con una nueva ola de películas de terror con búsquedas que luego fueron bautizadas como “elevated horror” durante la década de los 2010 -hablé bastante de esto y sus consecuencias en el episodio de Lista Par aMi Primer Plano sobre Weapons-, James Wan decidió volver de alguna forma a las bases del género con The Conjuring en 2013.
Una película que no solo situaba la acción en los setenta, sino que emulaba algunas películas de terror de esa época. Mucha atención a la dirección de arte y las locaciones que juegan un papel fundamental, demonios, posesiones, una fuerte presencia de la religión en la historia y, lo más importante de todo, un enfoque muy importante de la familia. El amor incondicional de una familia puede derrotar a cualquier demonio o amenaza sobrenatural.
Esto no solo quedaba en evidencia con la familia numerosa víctima de las maldiciones, sino también con sus dos protagonistas que siempre fueron el corazón de The Conjuring y ahora de una saga de cuatro películas (y varios spin-offs): Ed y Lorraine Warren.
Inspirados en la pareja de demonólogos de la vida real, seguir al matrimonio de los Warren encarnados por Vera Farmiga y Patrick Wilson es de lo más encantador y reconfortante de estas películas. Por eso The Last Rites decide enfocarse más que nunca en ellos, y esta vez, explorando un poco las consecuencias de su trabajo tan particular en su propia familia. Las secuelas pueden verse no sólo en la salud física de Ed, sino también en el peso emocional y mental que significa para Judy, su única hija.
Después de un muy buen prólogo que nos presenta el elemento maldito de esta entrega y nos muestra su traumático nacimiento, nos vamos a 1986 con una Judy adulta acechada cada vez más por visiones terroríficas -confirmando que heredó los dones de su madre- pero intentando reprimirlas para tratar de llevar una vida normal con su futuro esposo. Esto da lugar a varias escenas de dinámica familiar muy simpáticas donde Lorraine y sobre todo Ed, tienen que hacerse la idea de dejar ir a su niña.
Pero más allá de la calidez y las risas, también hay lugar para el terror. Michael Chaves fue el encargado de dirigir la anterior entrega de la saga, pero creo que en esta es donde demuestra más habilidad a la hora de construir climas y jumpscares. Hay una escena de Judy rodeada de espejos muy efectiva, y también una secuencia que incluye al Padre Gordon -un habitué de la saga- muy terrorífica y bien lograda.
The Conjuring: The Last Rites intenta recuperar el elemento familiar del lado de las víctimas acechadas por los demonios que funcionó tan bien en las primeras dos películas. Y aunque la familia Smurl no es tan memorable como las de esas dos, sí hay un intento de construcción de personajes con varios momentos logrados.
La historia de la familia Smurl y los Warren no se encuentra hasta bastante avanzada la película, y aunque eso extiende la duración un poco por demás, tampoco puedo quejarme de pasar tiempo con Ed y Lorraine porque se disfruta cada minuto. Se nota que de parte del director pero sobre todo de los actores hay mucho cariño por estos personajes, y siempre dan mucho más de lo que se les pide.
Al final de cuentas, esta vuelve a ser una historia sobre la incondicionalidad de la familia por sobre los males, y para los Warren, sobre ese dolor de padres de ver a su hija crecer y dejar de ser su niña, que a veces puede sentirse como derrotar un demonio en sí mismo.
The Last Rites es una película absolutamente sentimental que le da un cierre muy tierno a la saga de nuestros demonólogos favoritos, y creo que eso la convierte en una gran película confort con algunos buenos sustos.
¿La vieron? ¿Qué les pareció?





